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12 consejos para mejorar la relación con los hijos adolescentes

12 consejos para mejorar la relación con los hijos adolescentes

¿Alguna vez te has preguntado qué les pasa a tus hijos cuando llegan a la adolescencia, que se vuelven insoportables?

Mejorar la relación con los hijos adolescentes no es un proceso fácil, pues la adolescencia, por sí misma, es un período difícil, tanto para los padres como para los hijos.

Durante 5 años he estado dando conferencias sobre Autoestima y Adolescencia para padres, y he realizado más de 100 talleres de Autoestima para adolescentes y, de lo que me he dado cuenta es de que los padres, en general, tienen ideas equivocadas respecto a lo que los hijos necesitan.

Por eso me gustaría primero, aclarar algunas cosas:

Tus hijos NO necesitan de ti

  • Que hagas por ellos lo que pueden hacer por sí mismos
  • Largos sermones
  • Que los quieras proteger tanto, que les ahogues
  • Que les soluciones sus problemas
  • Que les atosigues con afecto físico
  • Que los trates como niños pequeños

Pero SÍ necesitan de ti:

  • Que los aceptes como son
  • Que les ofrezcas un modelo a seguir
  • Espacio (tanto físico como emocional)
  • Que les permitas cometer sus propios errores y enmendarlos
  • Amor y respeto
  • Normas y Límites

Me gustaría explicar con más detalle estos puntos para que se comprenda bien lo que quiero decir.

12 maneras de mejorar la relación con los hijos adolescentes:

 

1. NO necesitan que hagas por ellos, lo que pueden hacer por sí mismos:

Tenemos una idea o creencia equivocada que nos dice que “hay que ayudar a los hijos, tanto como podamos”.

Y, desde mi punto de vista, eso es incorrecto.

Hay que ayudarlos en la justa medida. Hay que darles responsabilidades y permitir que las cumplan.

En las conferencias que doy me suelen preguntar: ¿pero qué pasa si no cumplen con sus responsabilidades?

A lo que yo contesto con otra pregunta: Si no cumple con su responsabilidad, ¿qué haces tú, aplicas una consecuencia o asumes tú su responsabilidad?

Y la mayor parte de las veces, las madres me dicen que “es más fácil” hacerlo ellas, que ponerse a “discutir” con ellos.

Imagina esta situación: le has dicho a tu hij@ que para que tú le laves la ropa, tiene que dejar lo que esté sucio en el canasto. Pero no lo hace:

¿Qué haces tú?

Opción 1: Se la recoges y se la lavas de todos modos

Opción 2: No le lavas la ropa

Voy a basarme en lo que me dicen en las conferencias, así que voy a suponer, que eliges la primera opción.

Entiendo que, con tu mejor intención, estás “ayudando” a tu hij@ a que vaya limpi@ al colegio.

Pero, ¿qué implica eso a nivel de relación?

Le has hado una responsabilidad, ella o él no la ha cumplido, pero tampoco tiene ninguna consecuencia por ello.

A nivel práctico, ¿cuál es el resultado para ella o él?

Que, sin hacer nada, sigue teniendo su ropa limpia. ¿Lo ves?

Contéstame ahora a otra pregunta:

¿Cuál es el mensaje implícito (sin palabras) que le das con tu comportamiento?

Piensa un poco.

La reflexión a la que puede llegar tu hij@ puede ser algo parecido a esto: “no hace falta que cumpla con mis responsabilidades, porque mi madre o padre ya las cumplen por mí. Por lo que si esto ha funcionado con el tema de la ropa, funcionará con el resto de responsabilidades que tengo. Así que, en realidad, no hace falta que haga nada”.

Te vuelvo a preguntar: ¿realmente le estás ayudando?

Y, por favor, no te lo tomes como crítica. No lo es. Sólo trato de hacerte ver una situación, desde otro punto de vista. 

otra visión de los hijos

Como si te dejara unas gafas, y vieras tu situación con otro color.

Por supuesto, nunca hay que generalizar. Puede ser que en un momento determinado, realmente ayudes a tu hij@ haciendo alguna cosa que era “su” responsabilidad, pero yo me refiero al día  a día. ¿Ok?

En este simple ejemplo pasan varias cosas:

  • Al no asumir responsabilidades, considerará que ella o él “sólo” tiene derechos y ninguna obligación
  • Su autoestima disminuirá, porque en el fondo y de forma muy sutil, le estamos diciendo que “no es capaz” de poner la ropa sucia en el cesto correspondiente.
  • Tú como “modelo” le estás enseñando que no hace falta que haga nada de lo que tú le digas. Cosa que podrá replicar en el futuro tanto con sus amistades como con su parejas o con sus propios hijos.
  • Estás quitándote tú solita tu autoridad como madre o padre.
  • Tu autoestima bajará porque no consigues que tu hij@ colabore contigo
  • Y al final te agotas, porque lo tienes que hacer todo tú.

¿Todavía no te he convencido?

Mi frase preferida en estos casos es de Oscar Wilde:

Con las mejores intenciones,

se producen los peores efectos.

¿Puedes ver el efecto que tiene asumir por tus hijos lo que pueden hacer por sí mismos?

2. SÍ necesitan que los aceptes como son

Tenemos la mala costumbre de criticar aquello que no nos gusta y, “dar por supuesto”, aquello que sí nos gusta.

De esta manera, cuando tu hij@ muestra un comportamiento o una actitud que nos complace, nos callamos (Claro es lo que “debe” hacer) y, cuando se muestra de otra manera, nos quejamos y, a veces, incluso les criticamos.

Y ellos necesitan ser reconocidos y aceptados.

Es importante diferenciar sus acciones de su persona, el ser del hacer y, sobre todo, hagan lo que hagan, recuérdales que tú, los valoras y los aceptas tal como son.

Esto les ayudará a aumentar su autoestima.

 

3. NO necesitan largos sermones

comunicación con los hijos

Hay personas que crecieron con un estilo educativo autoritario y esa generación de niños, faltos de cariño y comprensión, quisieron hacerlo “diferente” a sus padres, entonces, cuando fueron adultos y tuvieron hijos, se pasaron al otro extremo, el del amor y la permisividad.

En este estilo democrático-permisivo, intentas explicar a tus hijos el porqué de mil y una decisiones, que tú tomas como madre o padre, el por qué se aceptan ciertos comportamientos y no otros…

Para que lo comprendan,

Para que no se sientan rechazados,

Así que, ante cada “dificultad” con la que tus hijos adolescentes se encuentran, les sueltas el “sermón” del día.

Pues he de decirte algo: “¡no pierdas el tiempo!”

Normalmente, a los 3 minutos, ya han desconectado…aunque “parezca” que te siguen el rollo…

Yo no digo que, ante un acontecimiento que consideres importante, puedas hablar con tus hijos al respecto.

Lo que digo es que, no por cada pequeña cosa que pase, tengas que soltarle una charla.

Porque no sirve de nada.

Y al final, te quedas con la sensación de…”es que no sirve de nada lo que le digo, porque sigue haciendo lo mismo” o bien “no me escucha”.

Claro

De sermones, los justos.

Es mejor mostrar con el ejemplo aquellos comportamientos que valoramos, más que darles un sermón de media hora.

 

4. SÍ necesitan modelos a seguir

¿De qué sirve que le digas a tu hijo que “no se ha de mentir” si te pilla mintiendo a ti?

¿De qué sirve que le digas que ha de valorar su opinión ante sus amigos si tú no valoras la tuya ante tu pareja o tu familia?

¿De qué sirve que le expliques que tiene que tener una buena autoestima, si la tuya está por los suelos?

Estás dándole un mensaje contradictorio. Un sí-no. Porque no cuadra lo que dices con lo que haces. Y al final, acaban confundidos.

Por eso, no des sermones, ¡da ejemplo!

Si quieres que tus hijos no mientan, sé honesto con ellos y con los demás.

Si quieres que coman sano, come sano tú también.

Si quieres que tengan una buena autoestima, trabájate la tuya.

Aquello que quieres para ellos, muéstraselo con tu ejemplo, pues éste, es el mejor “sermón” nunca dicho.

 

5. NO necesitan que los quieras proteger tanto, que los ahogues

Hay una metáfora que me gusta utilizar en las conferencias y trata de una barquita, amarrada a un puerto.

padres e hijos adolescentes

Los adolescentes, representan la barquita deseosa de salir al mar, y los padres el puerto en el que se sienten seguros.

Pero su deseo por conocer mundo y experimentar les llevará, tarde o temprano, a dejar el puerto y lanzarse a la mar.

En ese momento, los padres, asustados por “lo que pueda pasar” tratarán de retener la barca a su lado, agarrando fuerte la cuerda con la que la barca está atada al puerto.

Provocando, a través de la cuerda, mucha rigidez y tirantez.

Cuando más tiras de la cuerda hacia el puerto, más fuerza hace la barca hacia el lado contrario.

Por lo que la cuerda cada vez ha de soportar más tensión.

¿Cuál es el peligro?

Que la cuerda se rompa.

Si se rompe la cuerda, se rompe la relación.

¿Y te gustaría romper la relación con tus hijos?

Me parece que no.

Entonces, ¿qué puedes hacer?

Recuerda cuando tú eras adolescente… ¿Recuerdas tus anhelos? ¿Tus ganas de conocer mundo?

Ahora te escucho diciéndome, pero Miriam, los tiempos han cambiado y ahora no es lo mismo, hay un montón de cosas que antes no había.

Y tienes razón…en parte.

No existen garantías totales de que no le vaya a pasar nada “malo”. Pero ¿crees que si lo mantienes hiper-proteges vas a evitar lo “malo” que le pueda pasar?

Cualquier cosa puede pasar en cualquier momento y de cualquier manera.

Por tanto, lo único que está en tu mano es establecer ciertos límites, para que puedan ir descubriendo el mundo, poco a poco.

Para eso, tienes que aflojar la cuerda, ser flexible y dejar que:

  • se caiga, para que aprenda a levantarse,
  • tenga problemas, para que aprenda a resolverlos
  • experimente la vida, para que viva en primera persona, las consecuencias de sus actos

En definitiva, tienes que dejar que crezcan.

Son adolescentes, te necesitan, y a la vez, necesitan ir a la mar y descubrir nuevos mundos. Pero no te preocupes, que la cuerda sigue amarrada al puerto y eso, les indica el camino de vuelta.

Espero comprendas mi metáfora.

 

6. SÍ necesitan espacio (físico y emocional) 

A veces las madres me explican que al llegar a la adolescencia sus hijos han “cambiado” y que, si antes lo explicaban todo, ahora ya no les cuentan nada.  Y si antes pedían sus mimos, ahora los rechazan.

Esto también es normal.

El grupo de referencia en esta etapa son los amigos y es importante que así lo sea. Un adolescente sin amigos, puede tener muchos problemas, porque es un momento de la vida donde necesitan identificarse con el grupo de iguales.

Y eso significa que necesitan distancia de los padres.

Distancia física, pues empiezan a preferir los besos y abrazos del otro sexo, que no los de sus padres (recuerda que tienen las hormonas por las nubes).

Distancia emocional, en el sentido de que están en el proceso de convertirse en adultos, y han de aprender a gestionar sus propias emociones.

Como madre o padre puedes estar ahí para ayudarlos a identificar sus emociones, si no saben hacerlo, pero has de dejar que las gestionen ellos mismos.

Así que, si se encierra en su habitación y antes no lo hacía, no pasa nada. Están asimilando todos los cambios que están experimentando, forma parte de su proceso.

Y como siempre digo, todo en su justa medida.

Una cosa es que se encierren unas horas en su habitación y otra cosa es que se pasen toda la tarde y todos los días encerrados y sin relacionarse con nadie…en ese caso, habrá que ver si tu hij@ tiene algún problema.

Y por último, yo añadiría incluso, distancia “racional” o “cognitiva”.

Como están en el proceso de crear sus propias opiniones, como adulta, puedes instarles a que las compartan, a que expresen su forma de pensar y a que justifiquen sus puntos de vista.

Para después, rebatir, acordar o aceptar las diferentes opiniones. Eso hará que se sientan tenidos en cuenta, y que valoren sus propias opiniones ante sus compañeros.

 

7. NO necesitan que les soluciones sus problemas

Aprender a gestionar y resolver problemas es una de los aprendizajes más importantes para la vida adulta.

resolver problemas

Y esto, lo pueden aprender ya en la adolescencia, si como padre o madre, permites a tus hijos buscar sus propias soluciones.

Tendrás que tener bajo control tu deseo de “facilitarle la vida” a tu hij@ y “evitarle” sufrimiento.

Si tu hij@ te explica un problema, no trates de solucionarlo a la primera.

Párate.

Escúchalo.

Pregúntale cómo se siente

Y si ya tiene pensado cómo solucionarlo.

Sólo en el caso de que no tenga ninguna idea o la manera en que piense solucionarlo sea totalmente catastrófica, sólo en ese caso, hay darles alternativas.

Porque ¿tú qué prefieres?, ¿darle de comer pescado hoy o enseñarle a pescar?

 

8. SÍ necesitan que les permitas cometer sus propios errores y enmendarlos

Por eso, si no es nada grave, deja que se equivoquen, para que aprendan.

Desde mi punto de vista, no hay mejor aprendizaje que el de cometer tus propios errores y buscar soluciones para enmendarlos.

Porque vivir en primera persona una consecuencia de tus acciones, no tiene precio. Es permitir a tus hijos que crezcan como personas, que maduren y que establezcan relaciones entre acción y consecuencia.

Guíale, pero no te pongas en su camino.

A veces, no pasa nada porque sufran “un poquito” ahora. Lo importante es que aprendan, para no sufrir “mucho” después.

¿Sí?

9. NO necesitan que los atosigues con afecto físico

Claro que esto va a depender mucho del tipo de relación que tengas con tu hij@, porque los hay que son muy cariñosos y son ellos los que te atosigan a ti, pero, en general, la adolescencia es una etapa en que la forma de expresar el afecto a nuestros hijos, se ha de modificar un poco.

Normalmente, suelen pedírtelo ellos. Sobre todo, ¡ni se te ocurra mostrar tu cariño frente a sus amigos!

Pero eso no significa que no necesiten de tu amor y de tus mimos, claro que sí.

Sin embargo, no podemos seguir expresándolo igual que cuando eran niños, porque ya no lo son.

Para las madres especialmente, esto es algo que les cuesta mucho, pues sus “pequeños” rechazan sus muestras de cariño, y esto a veces, se malinterpreta.

Recuerda: no te rechazan a ti, simplemente, necesitan separarse de ti para diferenciarse.

En este punto, me gustaría que hicieras una reflexión personal:

Cuando tus hijos “rechazan” tu afecto o te dicen que “no les atosigues con tantos besos y abrazos”, ¿te quedas con la necesidad de hacerlo?

En caso afirmativo, esa “necesidad” de dar y recibir amor, ¿es tuya o de ellos?

Todos tenemos necesidades…

¿Tú tuviste suficiente afecto en tu infancia y adolescencia? ¿lo tienes ahora?

Porque a veces, sin darnos cuenta, proyectamos (vemos) en el otro una necesidad nuestra.

Si tú necesitas expresar cariño o recibir cariño pero tu hij@ te dice que “por el momento, ya tiene suficiente”, ¿puedes buscar otra fuente para ti?

Quiero decir, que si eres tú la que necesita cariño, tendrás que buscar la manera de satisfacer “tú” necesidad.

Esto lo puedes hacer con tu pareja, tu amiga, tu madre o incluso contigo misma.

Pero es importante diferenciar las propias necesidades de las de los hijos, para no hacerles sentir culpables, de una necesidad nuestra no satisfecha.

 

10. SÍ necesitan Amor y Respeto

A parte de darles cariño, es muy importantes que puedas expresarles tu amor por su persona, por su ser, exactamente, tal como son. Y, que mostremos respeto ante sus opiniones, sus decisiones, sus ideas, etc.

amor y respeto

Como padres, tendremos que seguir educándoles hasta que crezcan y maduren, pero esa función también implica, por un lado, respetar sus ideas aunque éstas sean equivocadas y, por el otro, darles otro punto de vista, para que reflexionen.

Porque si ellos se sienten aceptados y respetados, será más fácil que, al menos, tengan en cuenta lo que les digas, de otra forma, se sentirán atacados y no querrán saber nada de tus ideas u opiniones.

 

11. NO necesitan que los trates como niños pequeños

Cuidado, tampoco como adultos, porque no lo son.

Están “ahí”, en el medio.

Tratando de definir quiénes son, en qué se diferencian de sus padres, qué es lo que les gusta “a ellos”, cuáles son sus opiniones y valores, etc.

Y para ello, tendrán que “rebelarse” ante todo lo recibido por los padres, para poder diferenciarse y crear su propia identidad. Esta rebelión forma parte de su proceso evolutivo, por lo que es importante que no te lo tomes de manera personal.

En esta etapa, como madre o padre, tendrás que aprender a ser más flexible, a negociar algunas cosas (no todo, por supuesto. Hay cosas que no se negocian) y sobre todo, a ofrecerles un espacio seguro en el que puedan seguir desarrollándose.

12. SÍ necesitan normas y límites

límites a los hijos

Las normas y los límites mejoran la relación con los hijos adolescentes porque les muestran que existe un camino “adecuado” por donde se puede ir, y otro por el que es “peligroso”.

Les dan una visión de lo que “está bien” o “es aceptable” y lo que no. Y eso les permite crecer y desarrollarse dentro de un espacio “seguro”, porque los padres están ahí para marcar el camino, para iluminarlo y para guiarles a ellos.

Por eso es tan importante poner normas y límites.

¿Sabes lo que pasa cuando no los pones?

Pueden pasar dos cosas:

  1. Que tu hij@ se sienta “abandonado” porque “haga lo que haga” no importa, tú no le pones ningún límite y él siente que, para ti, no es importante.
  2. Como necesita límites, intentará cada vez ir más lejos, haciendo cosas cada vez peores hasta que “alguien” le pare. Y si no le paran sus padres…¿tendrá que hacerlo la policía?

Aunque tus hijos se rebelen contra tus normas y tus límites, no te preocupes, con eso ya cuentas, pero tienes que recordar que;

  • los estás parando tú antes de que lo hagan otros,
  • estás mostrándole el camino adecuado que han de seguir,
  • estás transmitiéndoles tus valores

Así, de adultos, serán capaces de elegir su propio camino, de forma autónoma, a partir de lo que tú les has transmitido.

 

Espero que este post ayude a los padres a mejorar la relación con los hijos adolescentes y a poder ver sus necesidades  desde otro ángulo.

Los hijos no vienen con el manual de instrucciones, así que como madre o padre, déjame recordarte que ya lo estás haciendo suficientemente bien, con los conocimientos y recursos que tienes.

Si este artículo te ha ayudado a ampliar un poquito tu visión, me doy por satisfecha. Y, si en algún momento te sientes desbordada por la situación, no dudes en llamarme y concertar una visita.

 

 

 

 

 

About author

Name:
Miriam Esquivel
Profession:
Psicóloga Coach
About me:
Graduada en Psicología. Máster en Terapia Breve Estratégica y Comunicación, Problem Solving y Coaching Estratégico. Formada en Psicoterapia Gestalt para adultos y niños y en Teatro Terapéutico. Con más de 10 años en Consulta Privada y 7 años realizando Talleres para adultos, adolescentes y niños.

2 comments:

  1. Ana esteves

    hola dra deseando este bien, necesito con urgencia un consejo suyo mas bien una ayuda, tengo un adolescente de catorce años y nuestra relacion es un pleno desastres, de verdad ya no se como mejorar mi relacion con el. no me escucha cuando le hablo, no baja el tono de voz cuando trato de reprenderlo, reconozco que tenemos culpa los dos porque cuando pierdo la paciencia lo regaño muy fuerte y eso ha traido como consecuencia la mala relaccion entre nosotros, pero de verdad necesito cambiar primero yo para poder ayudar a mis hijos. ayudeme dra estare muy agradecida con usted.

    Reply
    1. Miriam Esquivel

      Hola Ana,
      Gracias por tu comentario. La adolescencia es una etapa difícil para todos, padres e hijos, así que lo primero que te diría es que has de tener muuuuuuucha paciencia. A veces cuando el padre o la madre dice algo y el adolescente contesta, entonces se produce una lucha de poder que puede llegar a extremos. Para que eso no suceda, se ha de cambiar algo o hacer algo diferente. ¿Has probado a hablarle más bajo cuando él sube la voz? Esto es algo que rompe con la dinámica establecida y descoloca al otro. Prueba distintas cosas hasta que encuentres aquella que funcione. Saludos

      Reply

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