Barcelona / Estocolmo +34 636 25 65 40 / +46 76 167 78 89

Deja de obsesionarte por llegar al orgasmo y aprende a disfrutar de las sensaciones

Deja de obsesionarte por llegar al orgasmo y aprende a disfrutar de las sensaciones

 ¿Te frustras cuando ves que tu pareja está como una moto y tú todavía estás arrancando?

¿Te pasa, a veces, que no consigues llegar al orgasmo?

¿Te ha sucedido alguna vez que estás tan concentrada en llegar al orgasmo,  que te olvidas de disfrutar de las sensaciones?

Hace tiempo leí un libro de Lucía Etxebarria, el de Ya no sufro por amor y, me gustó mucho una escena en la que ella describe una cita entre un hombre y una mujer.

Intento resumirla según mi memoria (pero te advierto que hace unos cuantos años que lo leí). No recuerdo los nombres, pero pongamos que se llaman Julia y Oscar.

El hombre

Oscar sabe que tiene una cita con una chica para cenar.

Sale de trabajar, se ducha y se va al sitio donde han quedado.

La mujer

Para Julia, por el contrario, el encuentro con Oscar empieza mucho antes.

Ya por la mañana empieza a pensar qué se va a poner de ropa, cómo planificará la tarde, de qué hablará, que le dirá si no le gusta, y si le gusta, etc.

Al salir del trabajo decide depilarse y, al volver a casa se tira una hora probándose diferentes modelos y peinados.

Finalmente, sale de casa para ir al sitio donde han quedado.

La cita

La noche va bien, y él la invita a ir a su casa, a lo que ella accede.

Ya en la casa, empiezan a besarse y a quitarse la ropa y, mientras Oscar disfruta del momento, Julia va pensando algo así:

llegar al orgasmo

“¿Le gustaré o no le gustaré? ¿Creerá que soy una lanzada al venir a su casa la primera noche que lo conozco? ¿Debería acostarme con él o sólo jugar? ¿Le gustará mi cuerpo? ¿Y mis pechos? ¿Los considerará demasiado pequeños? ¿Notará los michelines que se me han puesto en la barriga?”

Como te puedes imaginar, Julia se está perdiendo todo lo que le está pasando.

No está disfrutando del beso, de las caricias, de la pasión….porque está demasiado preocupada pensando.

Y esto, puede pasar tanto en una primera cita, como cuando tenemos nuestra pareja de años.

En función de las preocupaciones que tengamos en ese momento.

La obsesión

Cuando la preocupación es “llegar al orgasmo”, si es una preocupación que se mantiene en el tiempo, puede llegar a obsesionarte.

Y cuanto más piensas en ello, más te obsesionas.

Y, cuanto más te obsesionas, menos capaz eres de prestar atención a tus sensaciones corporales.

Y por lo tanto, no disfrutas.

Si él está muy excitado y tú no, entonces, te empiezas a preguntar qué te pasa. Y empiezas a preocuparte de que si no te excitas, no llegarás al orgasmo.

La mente toma el control y los pensamientos te empiezan a bombardear:

“hay que llegar al clímax”, “piensa en algo que te excite”, “relájate”…

Con este panorama, ya me dirás si te puedes o no relajar.

Lo que sí tengo claro es que te perdiste las sensaciones.

La solución

La solución es más fácil de decir que de hacer, porque parar la mente, no siempre es sencillo.

Pero cada vez que te enganches obsesionada por llegar al orgasmo, acuérdate de que son las sensaciones, y no los pensamientos los que te llevarán a él.

llegar al orgasmo

Y llegue o no llegue, si la experiencia sensual es placentera, lo disfrutarás muchísimo más, que si lo consigues a través de la exigencia y el control.

Practica el centrarte en cada sensación que tienes.

Pon atención a lo que sientes cuando te acaricia, cuando te besa, cuando notas el contacto de piel con piel.

Recuerda también que cada persona tiene su ritmo, y que existe una diferencia entre la respuesta sexual del hombre y de la mujer.

Así que baja tu nivel de exigencia.

Tu objetivo ha de ser sentir las sensaciones.

Aparca a un lado la obsesión de tener que llegar al orgasmo.

Y permítete saborear cada sensación corporal.

El hecho de cambiar el objetivo y bajar tu exigencia en tener que llegar a la culminación, hará que mejore la experiencia sexual.

Y, si aun así no lo consigues, te dejo un último consejo.

Haz lo contrario

Si centrándote en las sensaciones, sigues sin poder disfrutar.

Haz todo lo contrario, es decir, trata de no sentir.

Imagina que estás en el ginecólogo, y te están haciendo una exploración.

Evita cualquier excitación que puedas tener en el momento de la relación sexual.

Cero.

La verdad es que las exploraciones del ginecólogo son bastante desagradables, así que si mantienes esta idea en la cabeza, te irá bien.

Con cada beso, con cada caricia…nada.

No sientes nada.

sensualidad

Tu objetivo es congelarte.

Quizá te sorprendas del efecto que puede tener este ejercicio.

 

Si quieres seguir recibiendo mis artículos, suscríbete a mi blog, y no te pierdas ninguna novedad.

 

About author

Name:
Miriam Esquivel
Profession:
Psicóloga Coach
About me:
Graduada en Psicología. Máster en Terapia Breve Estratégica y Comunicación, Problem Solving y Coaching Estratégico. Formada en Psicoterapia Gestalt para adultos y niños y en Teatro Terapéutico. Con más de 10 años en Consulta Privada y 7 años realizando Talleres para adultos, adolescentes y niños.

Leave a Comment

39 - = 35